Baja participación en elecciones regionales en Rusia

Fascista

Los resultados preliminares de la jornada electoral que se celebró ayer domingo en Rusia arrojan varias conclusiones de lo que los analistas locales consideran una suerte de barómetro de lo que podría ocurrir dentro de medio año en los comicios presidenciales, aspire o no el presidente Vladimir Putin a la enésima relección.

Llama la atención, sobre todo, la escasa participación, inusualmente baja para todo el país. Convocados los rusos a elegir desde gobernadores en 16 entidades federales hasta, en el otro extremo de la pirámide del poder, diputados municipales, incluidos en este último capítulo los representantes de cada uno de los 146 distritos de la ciudad de Moscú, acudió a las urnas apenas 12 por ciento del padrón.

Al interior del país, según los observadores, más que signo de aprobación de políticas, sigue siendo abrumadora la capacidad del partido oficialista, Rusia Unida, de facilitar el triunfo del candidato designado desde el Kremlin.

Ello es válido incluso en lugares para los que las encuestas de intención de voto favorecían a un candidato opositor, como la región de Sverdlovsk, por mencionar un solo caso, donde el candidato opositor, Yevgueni Roisman, podría haber arrasado si las autoridades no hubieran impedido su registro con pretextos francamente risibles.

Dicho de otra forma, lo que aquí se denomina administratitvny resurs (traducido del ruso como recurso administrativo, eufemismo para el uso inequitativo y arbitrario de todas las ventajas que otorga ostentar el poder en favor del aspirante oficialista y en contra de cualquier contrincante suyo) sigue siendo determinante para triunfar en las urnas.

A pesar de ello, y de las numerosas denuncias sobre irregularidades, en Moscú se logró poner fin a la era de la votación oficialista unánime y la oposición al Kremlin, por primera vez en muchos años, tendrá voz y voto en la toma de decisiones de los asuntos urbanos, dejando de ser una especie de simulacro de contrapeso de las autoridades.

Una incipiente alianza de partidos contrarios al poder central y de candidatos independientes, que se concretó en una lista común, hizo posible ese primer avance de lo que los politólogos denominan, en medio de una preocupante abstensión generalizada, “voto contra el hartazgo” en la capital rusa.

Puede parecer poco contar con 266 diputados municipales, de un total de mil 500, pero es mucho más de lo que podría esperarse cuando hasta ahora no había ni una sola voz discordante y, ahora, la oposición será en Moscú segunda fuerza, por encima del tercer más votado, el partido comunista, con sólo 45 legisladores.

De cara a los próximos meses, y sobre todo a los comicios presidenciales de marzo siguiente y de las elecciones simultáneas que habrá la misma fecha, no es claro cómo va a repercutir el primer éxito electoral de los adversarios del Kremlin, si tardaron apenas un día en postular, este lunes, dos candidatos enfrentados para las elecciones de alcalde de Moscú, Dimitri Gudkov y Serguei Mitrojin.

Tampoco ayuda a su causa que la figura más visible de los opositores, Aleksei Navalny, haya instado a sus seguidores a boicotear esta jornada electoral.

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