Hungría y Croacia intercambiaron amenazas  mientras miles de inmigrantes exhaustos llegaban a sus fronteras, profundizando el caos en Europa sobre cómo gestionar el éxodo sirio.

Más de 20 mil inmigrantes, la mayoría sirios, han entrado Croacia desde el martes, cuando Hungría usó una valla metálica, gases lacrimógenos y cañones de agua en su frontera sur con Serbia para impedir su entrada a la Unión Europea.

Será hasta el próximo el miércoles cuando representantes de distintas naciones  buscarán llegar a un acuerdo sobre cómo y dónde distribuir a 160 mil refugiados entre sus países, pero las posturas de algunos miembros de la Unión Europea no son muy alentadoras.

Hungría, donde el gobierno de derecha de Viktor Orban se ha comprometido a defender una “Europa cristiana” en contra de los migrantes, principalmente musulmanes, acusó a Croacia de “violar la soberanía de Hungría” mediante el envío de autobuses y trenes repletos de inmigrantes hacia su frontera común.

Advirtió además que podría bloquear la adhesión de Zagreb al espacio europeo Schengen, en el que no es necesario mostrar el pasaporte al cruzar la frontera.

“El Gobierno de Croacia ha mentido de forma continua en la cara de húngaros, croatas, de la UE y sus ciudadanos”, dijo el ministro húngaro de Relaciones Exteriores Peter Szijjarto en una rueda de prensa.

Por su parte el primer ministro croata, Zoran Milanovic, dijo que, a diferencia de Hungría, su gobierno no usaría la “fuerza bruta” para frenar a la gente ni tampoco hará que se queden en contra de su voluntad.

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