El Acuerdo Transpacífico, TPP por sus siglas en Inglés, será el acuerdo comercial más grande de la historia, pues establecerá nuevas condiciones en el comercio y las inversiones entre Estados Unidos con 11 países colindantes con el Oceáno Pacífico.

Este grupo manejará un producto interno bruto de casi $28 mil millones de dólares, lo cual que representa aproximadamente el 40 por ciento del PIB mundial y una tercera parte del comercio mundial.

Esta acuerdo se concretará después de diez años de negociaciones y representa un triunfo para la administración del presidente Obama quien ha impulsado un “giro” en política exterior hacia Asia. Pero ahora el Acuerdo Transpacífico será el tema principal en el Congreso donde aún genera divisiones políticas.

Obama logró superar en junio pasado la oposición de los demócratas para obtener el poder de negociar acuerdos comerciales que no pueden ser enmendados ni obstruidos por el Congreso. Ahora deberá convencer a los legisladores, en especial a sus colegas demócratas, que aprueben el acuerdo comercial. Los congresistas tienen noventa días para revisar los detalles del pacto.

El debate para evaluar este pacto será casi histórico, pues se trata del acuerdo comercial más importante que ha firmado ese país desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte de 1994.

Las posturas sobre el TPP son divididas, sus defensores aseguran que será una bendición para todos los países participantes, que “abriría nuevas oportunidades”, “abordaría cuestiones vitales del siglo XXI dentro de la economía global” y que está redactado de tal manera que puede incitar a otros paíes, como China, a firmarlo.

Sin embargo los críticos del pacto en Estados Unidos lo ven como un regalo a las empresas, pues fomenta la exportación de empleos de manufactura hacia países con mano de obra de bajo costo y limita la competencia.

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