Construyendo hacia el Interior

Armando Salum

Armando Salum

Aunque estudió la carrera de arquitectura, él reconoce que no ha ejercido su profesión como tal, por lo que se define como un auxiliar de los arquitectos.

La gente hoy lo llama escultor, oficio que descubrió cuando trabajó decorando hoteles, pues debía decorar los lobbies y suites presidenciales con réplicas de obras de arte, por lo que la calidad de sus obras lo hacen destacar rápidamente.

Salum combinó el arte con el interiorismo y el mobiliario, amalgama que hace a sus obras muy cotizadas y recurrentes en la decoración urbana, algunas convirtiéndose en íconos de la ciudad, como El Hombre Tiburón, pieza que se ubica en el boulevar Manuél Ávila Camacho o el cardumen de peces en la Plaza de Los Valores.

“Me nombran escultor porque sí me nombra la gente, yo no me di cuenta de que soy escultor. Yo empiezo a hacer relieves, trabajo para una compañía que decora hotelería, entonces hago maquetas y dentro de las maquetas hago tallados de mueblecitos en miniatura porque la maqueta me parecía aburrida”.

 

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