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Yo nací en Veracruz un domingo soleado a las 12 del día, soy la menor de 3 hermanos, la única mujer, la más chiquita muy mimada muy consentida en una familia clase mediera con muchas ventajas y toda clase de privilegios que tiene una niña que nace en esas condiciones dentro de una familia.

Mi familia era singular, porque mi padre cantaba ópera, era tenor, y compuso incluso algunos valses;  era hijo de una hermana de José Vasconcelos, criado por José Vasconcelos de alguna manera porque su hermana (mi madre)  queda viuda y crecí con mucho de ese bagaje cultura.

Mi madre es una mujer esforzada sin la inteligencia de mi padre, refugiada española, de los que recibe Lázaro Cárdenas, los niños de Morelia;  ésa es mi familia, mi padre, mi madre, mis hermanos el mayor cantaba ópera, el otro fue un ingeniero mecánico electricista.

Lamentablemente, el destino así lo quiso y perdí a toda mi familia nuclear; murió mi padre, murió mi madre, mi madre demoró años, pero inmediatamente murió mi padre, mi hermano el mayor, sin embargo tuve el tiempo y  la oportunidad de recibir una formación cultural e intelectual dentro de la casa que yo creo que a muchísimos seres humanos les haría bien.

Yo en mi casa escuchaba ópera todo el día, yo lo veía normal hasta que invité a mis amigas a la casa y ellas se morían de la risa por escuchar a la soprano y entendí que no era muy normal; yo era prima hermana de Guillermina Bravo, la directora del Ballet Nacional de México y me toca recibir parte de una formación en las Bellas Artes, mi padre aparte de ser tenor, tocaba muy bien el violín, espléndidamente, y en la casa siempre marcaban horarios, para la clase de solfeo, para lectura, un día uno leía y al otro día daban la clase, era como una dinámica familiar que yo consideraba normal.

Fragmento de la entrevista publicada en la edición de septiembre de la revista Inferno.

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